Febrero: La Capital Subterránea
El Metro de la CDMX es ciudad paralela y reflejo subterráneo de la metrópolis. Este ensayo captura en 22 fotos un mundo donde arte, historia y millones de vidas convergen. Un espacio donde cada estación es su propia cultura y el caos encuentra orden, transportando personas y sus historias.

El Metro de la Ciudad de México es mucho más que un sistema de transporte; es una ciudad paralela, un reflejo subterráneo de la metrópoli que yace sobre ella. Como segundo tema de Dosis Diaria 2025, "La Capital Subterránea" es un ensayo fotográfico que busca capturar la esencia de este mundo alternativo, con su propia cultura, caos ordenado y singularidad visual. Utilizando una Contax TVS y dos rollos de película a color (Kodak Portra 800 y Flic Film Aurora 800), seleccioné 22 imágenes que narran las historias y texturas únicas de este espacio. El recorrido abarcó más de 10 estaciones y 10 de las 12 líneas del sistema, explorando los contrastes culturales, decorativos y arquitectónicos que hacen del Metro de la CDMX un lugar irrepetible. Desde las escaleras que descienden hacia este universo hasta los murales, mosaicos y estructuras que lo habitan, cada imagen es testimonio de un espacio donde convergen millones de vidas diariamente.



La serie comienza con el descenso hacia este mundo: las escaleras mecánicas que conectan la superficie con el subsuelo. Este descenso es tanto físico como simbólico, una transición hacia un espacio donde el caos tiene su propio ritmo y orden. En estaciones como Bellas Artes, los detalles arquitectónicos se funden con la historia cultural del país, mientras que en lugares como Copilco o Tacubaya, el arte mural transforma los pasillos en galerías vivientes.








Cada estación tiene su carácter único. En contraste, Refinería impresiona con sus complejas intersecciones de escaleras mecánicas rodeadas por un par de escaleras helicoidales, creando una estética casi futurista. En Copilco, los murales prehispánicos evocan el pasado ancestral de la zona, mientras que en Zapata, las caricaturas del revolucionario se mezclan con escenas de lucha campesina, honrando su legado. Los exquisitos murales de Pedro Friedeberg en Bellas Artes, con sus imposibles perspectivas y patrones hipnóticos, contrastan con la vibrante iconografía de la lucha libre en la estación Guerrero, donde máscaras y siluetas de luchadores legendarios decoran los corredores. El pequeño museo del Metro en Mixcoac ofrece una fascinante retrospectiva de la evolución del sistema, mientras que en Garibaldi, las representaciones del box mexicano rinden homenaje a grandes campeones nacionales, complementando perfectamente la atmósfera cultural de esta estación.




Más allá de su infraestructura, el Metro es definido por las personas que lo utilizan. Cada día, transporta a más de 4 millones de pasajeros: estudiantes, trabajadores, comerciantes y artistas callejeros que convierten este espacio en un microcosmos social. Pero también es hogar para quienes trabajan en él: vendedores ambulantes, personal operativo y artistas urbanos que encuentran en estas estaciones su escenario principal. "La Capital Subterránea" busca mostrar cómo el Metro es inseparable de la esencia cultural de la Ciudad de México. A través de estas fotografías, se exploran no solo los espacios físicos sino también las conexiones humanas e historias que le dan vida. Es un lugar donde la rutina diaria se encuentra con expresiones culturales inesperadas: desde murales dedicados al Día de Muertos hasta frases literarias grabadas en los muros.



Este proyecto no podría haberse realizado en ninguna otra ciudad porque el Metro de la CDMX no solo transporta personas; transporta historias. Es un espacio donde convergen pasado y presente, tradición e innovación, individualidad y colectividad. Las imágenes capturan ese espíritu único: un caos organizado donde todo parece moverse al mismo tiempo pero siempre hacia adelante, similar al movimiento constante de los trenes que transportan a millones de personas diariamente.


"La Capital Subterránea" es un homenaje visual a este ecosistema vivo, donde cada estación es un capítulo y cada pasajero, una línea más en esta narrativa interminable.
